M. Rodríguez Gil
Las pasadas elecciones en México en las que un triunfo abrumador del partido en el poder dejó a la oposición completamente disminuida y cayéndose a pedazos podría ser el principio del fin, no solo de los partidos de oposición, sino del sistema político completo.
Mientras que el actual presidente, la sucesora y su partido celebran su abrumadora victoria, la estructura del poder en México se tambalea y está más endeble que nunca. Las razones son muchas y el cambio que podría avecinarse podría no ser tan malo.
Comenzando desde el principio, encontramos que el partido ganador está plagado de advenedizos de los otros partidos, lo peor que militaba en esos grupos y que al ver que sus posibilidades de seguir viviendo del estado eran mayores si se unían a los que contaban con el apoyo del gobierno, simplemente cambiaron sus colores de forma descarada.
Estas alianzas, lejos de fortalecer al ahora partido hegemónico lo están corrompiendo desde dentro, de tal modo que todo lo perverso y corrupto de la política mexicana parecieran haberse reunido en el mismo sitio.
Este nuevo partido de estado parece remedar al viejo Partido Revolucionario Institucional y tiene todas las intenciones de perpetuarse en el poder setenta años o más, si es posible. Sin embargo, pese al resultado electoral reciente, hay un factor que no están tomando en cuenta, las personas.
La gente del país, aunque con una gran proporción de pobreza, ignorancia y manipulación mediante las ayudas gubernamentales, ya no es la misma que hace años. La organización ciudadana mostró su fuerza en apoyo de la alternativa de oposición, y más aún, para mostrar su inconformidad con el gobierno, y no están dispuestos a quedarse de brazos cruzados aún cuando el poder público se acabó imponiendo en la elección.
Uno de los partidos de la alianza opositora, el PRD, desaparecerá por la baja votación obtenida, mientras los otros dos, aunque se aferran a las pocas posiciones que logran mantener, se tambalean al borde del precipicio debido a la mala reputación que vienen arrastrando de los gobiernos anteriores.
Con el estado de las cosas como están hoy, el sistema de partidos está por completo desprestigiado. Ganadores y perdedores por igual gozan del desprecio de una parte importante de la población y un cambio en el sistema podría estar cerca.
Nuevas agrupaciones políticas surgidas de los ciudadanos inconformes con el trabajo del gobierno y el resultado de la elección podrían pasar a ocupar los espacios de los viejos partidos, y más aún, podrían llegar para empujar una forma nueva de hacer las cosas que termine desmantelando las intenciones de Morena de convertirse en la fuerza política dominante por muchos años.


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